Un rápido viaje a Bretaña, via Limoges, te deja con la miel en los labios. Ese país necesita dedicarle tiempo para tratar con sus paisanos, disfrutar sus paisajes y paladear sus manjares. Después de devorar muchos kilómetros, el hambre de moto ha desaparecido, pero cinco días en Bretaña sólo son un aperitivo.